¿Cómo nos afectan los escándalos de las celebridades?

            De acuerdo con un reporte de GWI, seguir a celebridades es una de las razones por las que el 28 % de GenZ y 24 % de millennials usan redes sociales.

            Como personas que están en este mundo (Juan 17:15), los cristianos no somos inmunes a la influencia de los famosos y a las repercusiones de su comportamiento en la sociedad. Desde su singular posición, estas figuras dictan la agenda de lo que hablamos e informan el modo en que pensamos de la vida y de las situaciones a nuestro alrededor. Eso es un gran poder.

            En la Biblia, en el libro de Ester, vemos la historia de un rey persa llamado Asuero. El rey ofrece un banquete y manda a llamar a su esposa/reina, Vasti, para exhibir su belleza ante los invitados; pero Vasti, quien estaba dando su propio banquete, se rehúsa a presentarse ante el rey.

            Por recomendación de los sabios del reino, Vasti fue destituida de su cargo; y esta es la razón dada por los funcionarios:

“Porque todas las mujeres se enterarán de la conducta de la reina, y esto hará que desprecien a sus esposos, pues dirán: ‘El rey Asuero mandó que la reina Vasti se presentara ante él, pero ella no fue’”.

Ester 1:17

            En el pasado, cada vez que leía esa parte de la historia, yo pensaba: “¡Qué exagerados!”. Me parecía absurda la idea de que el trato de Vasti hacia el rey de verdad influyera en la actitud de todas las mujeres del reino. Con el tiempo, sin embargo, he aprendido a no subestimar el poder de influencia de las figuras públicas. Lo noté en particular con el juicio televisado entre Johnny Depp y Amber Heard el año pasado. Un caso que involucraba a solo dos personas parecía que tendría implicaciones en, tal vez, todas las personas. Al cabo de unos días, comencé a ver titulares como estos:

            Pensar que un juicio aislado pudiera tener un impacto en las denuncias de violencia doméstica y en la continuidad de todo un movimiento feminista habla de la gran influencia de las celebridades.

            Recientemente, hemos visto otro ejemplo con la ya muy famosa canción de Shakira y Bizarrap, que tiene menos de dos semanas en existencia. UNA canción le ha dado la vuelta al mundo y ha iniciado conversaciones sobre qué es “correcto” e “incorrecto” en temas de amor, desamor, traición, crianza, etc. Shakira se ha convertido en bandera y ejemplo para mujeres que han vivido una infidelidad; y en objeto de crítica para quienes condenan el daño a la salud mental que pudiera estar ocasionando a sus hijos. Básicamente, su respuesta a una situación personal ha tenido impacto e influencia en miles.

            No tenemos que estar de acuerdo con que así sean las cosas; pero, sin duda, las figuras públicas modelan para la sociedad un ejemplo de cómo debemos comportarnos, de quiénes debemos ser, de qué es permisible y por qué. A veces, esa influencia es positiva y nos ayuda a promover valores cristianos; pero, la mayoría de las veces, el modelo no nos hace ese favor.

            Los sabios consejeros del rey Asuero tenían razón: la actitud de Vasti, como figura pública de su tiempo, sí influía en la actitud de todas las mujeres del reino; y reconocer esa realidad me ha hecho pensar en cómo los cristianos debemos responder a los escándalos de las celebridades.

            El juicio de Johnny Depp y Amber Heard, la canción de Shakira, la bofetada de Will Smith o la nueva canción de Miley Cyrus quizás no nos afecten a modo personal, pero definitivamente envían un mensaje a nuestra sociedad. Aunque tú no escuches y adoptes ese mensaje, otros sí lo hacen. Por eso, nos hace bien convertirnos en estudiantes de nuestra cultura y entender los ejemplos que las figuras públicas están modelando para nosotros y para las personas a nuestro alrededor.

Nos hace bien convertirnos en estudiantes de nuestra cultura.

            Con esto, no sugiero que alcemos nuestras voces para opinar de las vidas personales de otros o los juzguemos por no vivir la vida cristiana que nunca se han comprometido a vivir. En cambio, más allá del chisme, el juicio y la crítica, de estas situaciones podemos comenzar a entender cómo podemos servirnos mejor los unos a los otros. Por ejemplo, de escándalos recientes, aprendemos que como sociedad estamos luchando con cómo manejar el dolor de la infidelidad, la injusticia de una traición, la búsqueda de justicia, venganza y reividicación, la tristeza de un hogar hecho pedazos. Las celebridades ofrecen sus soluciones y estrategias, y el mundo está escuchando. Con sabiduría y en tiempo oportuno, los creyentes, también podemos hablar de estos temas desde donde estamos y apuntar a la gracia y el amor de Cristo incluso en esas circunstancias: quizás alguien también nos esté escuchando.

Publicado por Natacha R. Glorvigen

Cristiana. Publicista. Bloguera. Dios me ha cambiado la vida y vivo para contarles a otros que Él puede hacer lo mismo por cualquiera.

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