¿Dios no quiere que cambie?

            En los primeros tres capítulos del libro de Apocalipsis, encontramos 7 cartas de parte del Señor Jesús a 7 de las iglesias establecidas en ese tiempo (95–96 d. C.). Algunos versículos de estas cartas son bastante conocidos; pero uno de los más famosos tiene que ser Apocalipsis 2:4:

“Pero tengo contra ti,
que has dejado tu primer amor”.

            Esta frase se encuentra en la carta dirigida a la iglesia en Éfeso. De esta ciudad, sabemos que era la más prominente de la provincia de Asia (Morris, 1987, p. 63) y que era un gran centro de adoración a la diosa Artemisa (o Diana, en su versión romana) (Hechos 19:19, 23).

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          De acuerdo con lo que vemos en la carta dirigida a los efesios, esta iglesia estaba haciendo un trabajo extraordinario en medio de un contexto hostil. Ellos:

1. Trabajaban ardua y pacientemente por el Señor
2. Amaban la sana doctrina y se oponían a la falsedad
3. Perseveraban

            Suena como una iglesia perfecta. Aun así, el Señor les dice: “Tengo contra ti que has dejado tu primer amor”.

            En primera instancia, no es tan fácil saber a qué se refiere Jesús con “tu primer amor”. ¿Habla del amor hacia Dios? ¿El amor hacia los demás? ¿Ambos? No queda claro por el contexto, pero quizás se trata de una afirmación general: los efesios simplemente “no aman como amaban al principio”. En otras palabras, esta es una congregación con doctrina correcta, pero sin amor genuino.

            La situación era lo suficientemente grave como para que el Señor advirtiera a la iglesia de su posible destrucción (v. 5). En griego, el término para “has dejado” (ἀφῆκες) trae mucha fuerza; puede incluso usarse para denotar “divorcio” (Louw & Nida, 15.48). Al parecer, los creyentes en Éfeso se limitaban a cumplir con su arduo trabajo, pero el aspecto relacional con el Señor estaba roto y los efesios no estaban pensando en restaurarlo. Esto, por tanto, afectaba su modo de relacionarse con los demás. Ante esto, el Señor les ofrece a estos creyentes una solución en tres pasos:

Paso 1: Recuerda de dónde has caído (de cómo era tu vida cuando tenías ese primer amor)
Paso 2: Arrepiéntete (de ya no vivir así)
Paso 3: Haz las primeras obras

            Podemos pasar mucho tiempo meditando en cada uno de esos pasos tan concretos; pero me saltaré los dos primeros para hablar de la acción que demuestra nuestro arrepentimiento.

            Si arrepentirse es “darse la vuelta” del modo en que vivíamos para comenzar a movernos en la dirección opuesta/correcta, este pasaje nos enseña que lo contrario de “dejar el primer amor” es “hacer las primeras obras”. ¿Cuáles son estas primeras obras? Pues, aquellas hechas como resultado del amor del principio, es decir, las acciones que fluían de una relación genuina y cercana con Dios y con los Suyos. Básicamente, no se pueden hacer las primeras obras sin el amor que las causaba. Esto puede referirse a orar, adorar, asistir a la iglesia y otras prácticas esenciales de la vida cristiana si un creyente las ha abandonado.

           Cuando yo era confrontada con esta verdad, creía que “hacer las primeras obras” significaba hacer lo mismo que hacía cuando recién conocí a Jesús: orar de la misma manera, hacer mi devocional de la misma forma, involucrarme en las mismas actividades de la iglesia, adorar de la misma manera, servir en las mismas áreas. Esto me resultaba problemático porque ya yo no soy la misma persona que era antes. Con el tiempo, he notado que mi relación con Dios y con los demás ha cambiado porque yo he cambiado; he vivido nuevas experiencias: me casé, me gradué de un seminario, vivo en otro país, hablo otro idioma, me interesan nuevas cosas. He crecido, he viajado a nuevos lugares, he conocido nuevas personas.

            Esto no significa que ame a Dios menos. Al contrario, espero que sea hallada amándolo más porque ahora lo conozco mejor y hemos vivido nuevas experiencias juntos; pero a veces expreso mi amor y devoción de maneras diferentes: en el trato con mi esposo, en el modo en que oro, en las áreas en que sirvo, en las decisiones que tomo. No soy la misma que era, pero quizás no se supone que lo sea.

            En Apocalipsis 2:4, el Señor Jesús está interesando en el amor del cual provienen las obras. Por tanto, este pasaje llama a la restauración de la relación con Dios y con los demás que producía una cierta clase de obras muy específica: las obras que provienen de un creyente que ama como lo hacía al principio.

   La orden, por tanto, no es “hacer lo mismo que antes”,
sino “hacer obras de amorosa devoción como antes”.

            La orden, por tanto, no es “hacer lo mismo que antes”, sino “hacer obras de amorosa devoción como antes”. Por tanto, cuando consideramos nuestro primer amor, surge la pregunta: si tuviera ese amor del principio, ¿qué estaría haciendo hoy? Cuando amamos a Dios y tenemos una relación genuina con Él, siempre habrá obras: vamos a orar, servir, adorar, escuchar canciones cristianas y a involucrarnos en la iglesia. Quizás no lo haremos de la misma manera, y eso es normal; lo que nunca debe cambiar es el amor del cual procede esa clase de obras.

Publicado por Natacha R. Glorvigen

Cristiana. Publicista. Bloguera. Dios me ha cambiado la vida y vivo para contarles a otros que Él puede hacer lo mismo por cualquiera.

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