¿Escuchaste el trueno?

Finalmente, lo hiciste. Callaste las voces a tu alrededor. Cerraste los ojos. Le presentaste tu causa a Dios. Te sentiste bien. Te sentiste muy bien. Los primeros días. Pero, pasaron varias semanas y no hubo respuesta a tu petición. Ah, quizás necesitas ser más perseverante, así que le volviste a hablar al Señor del asunto. Fue buenoSigue leyendo «¿Escuchaste el trueno?»