No eres tú, soy yo

Para el afligido todos los días son malos;
    para el que es feliz todos son de fiesta.

Proverbios 15:15

Con frecuencia, cometemos el error de pensar que somos víctimas de nuestras circunstancias. Pensamos que nuestra mala actitud se debe a que la realidad a nuestro alrededor nos obliga. En otras palabras, no somos culpables. Si nuestra situación fuera diferente, nosotros actuaríamos distinto. Sin embargo, aunque algunas situaciones sí escapan de nuestras manos y nos afectan de un modo imposible de controlar, tú y yo solemos reflejar lo que somos en nuestras circunstancias.

Este es un ejemplo: cuando me mudé a Estados Unidos, no tenía dinero suficiente para pagar un cuarto sola. Por primera vez en mi historia de hija única, me vi en la necesidad de compartir cuarto con una compañera. Vivíamos en un pequeño apartamento que, a su vez, compartíamos con otras dos compañeras. El espacio para poner mis cosas era un tanto limitado, de modo que comencé a apilar libros sobre ropa sobre papeles sobre cuadernos sobre cremas.

Era un desastre.

Yo pensaba: “No tengo espacio. Si el apartamento fuera más grande o si tuviera mi propio cuarto, no habría tanto desorden”.

Sonaba lógico.

Entonces, me casé. Mi esposo y yo vivimos en un apartamento un poco más grande, que tiene algunas áreas para mi uso personal. Mis opciones ya no son tan limitadas como antes. Aun así, un día noté que en ciertos lugares del apartamento tenía una pequeña pila de libros, ropa, papeles, cuadernos y cremas. Era un verdadero desastre. Ese día entendí un principio aterrador: “No es el espacio donde vivo, soy yo. El lugar donde vivo es un reflejo de lo que yo soy. Yo puedo tomar cualquier espacio, sin importar qué tan grande o pequeño sea, y desordenarlo todo”. Mi apartamento no estaba desordenado porque no tenía espacio; estaba desordenado porque yo soy desordenada.

Este principio lo he visto muchas veces en mi propia vida y en la vida de otros cuando quejan de sus trabajos, de sus amigos, de su situación económica, de sus parejas amorosas. Es fácil para nosotros mirar alrededor y pensar: “Es por culpa de mi realidad que tengo este problema”. Pero no nos damos cuenta de que tú y yo causamos muchos de esos problemas al reflejar lo que somos en la situación que estamos. Preferimos ignorar el hecho de que somos quejones, somos malos administradores de nuestras finanzas, somos una persona que no perdona las fallas de otros y eso afecta nuestras circunstancias. Al final, tú y yo siempre tomamos la realidad que nos ha sido dada y la transformamos a nuestra imagen y semejanza. Las convertimos en un reflejo de quienes somos.

Al final, tú y yo siempre tomamos la realidad que nos ha sido dada y la transformamos a nuestra imagen y semejanza.

Vemos esto en Filipenses 4:11-12 cuando el apóstol Pablo dice: “…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia”. Pablo reconocía que no era víctima de sus circunstancias. Su contentamiento no provenía de su realidad, sino del gozo que había en sí mismo por causa de Cristo. Él podía tomar cualquier situación y hallar contentamiento en ella. Su gozo no venía por estar en escasez o en abundancia; venía de estar gozoso en interior.

“…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.
Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia”

Filipenses 4:11-12

Asimismo, el problema no es necesariamente tu trabajo, tus amistades, cuánto ganas, cuánta ropa tienes. Es verdad que hay situaciones más favorables que otras. Pero, si eres perezoso, un nuevo trabajo no te hará más productivo. Si eres un mal administrador, ningún sueldo parecerá suficiente. Si estás afligido, ningún día te parecerá bueno. El problema no es la realidad que tenemos, sino quiénes somos ante esa realidad. Por eso, aunque no está mal orar por un cambio de circunstancias, también es bueno pedir por un cambio de corazón. Que Dios nos conceda convertirnos en la clase de persona que, en medio de la realidad en que nos encontramos, podamos tener comportamientos y actitudes que coincidan con quien Dios quiere que seamos.

Publicado por Natacha R. Glorvigen

Cristiana. Publicista. Bloguera. Dios me ha cambiado la vida y vivo para contarles a otros que Él puede hacer lo mismo por cualquiera.

4 comentarios sobre “No eres tú, soy yo

  1. Excelente enseñanza..así es..somos nosotros ..depende de nuestras actitudes y nuestras acciones las que definen nuestro andar …gracias mi amada Naty por compartir tus experiencias y testimonios que me hacen crecer…TE AMO!!!

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