4 Estrategias para Combatir la Envidia

«No codiciarás … cosa alguna de tu prójimo«

Deuteronomio 5:21

            Nada es más fácil que compararse y envidiar a otros por lo que tienen: casa, estado civil, educación, salud, pasaporte (hola, Venezuela), número de seguidores, en fin. Parece una reacción natural porque esas personas tienen lo que tú y yo queremos; o, peor, tienen lo que nosotros quisiéramos solamente para nosotros. En el horroroso mundo de la envidia, anhelamos ser los únicos con casa propia, cierto estado civil, impresionante número de seguidores, oportunidades, etc.

            La envidia es la prueba más genuina de que hay pecado en el mundo. Es desagradable. Me da vergüenza lo que me hace sentir y aborrezco cada segundo en que me he rendido a ella y le dejo ganar. Detesto todas las veces en que ha sido el motivo por el que me esfuerzo más, por el que busco ser mejor. La envida ve como una amenaza personal la prosperidad de amigos, familiares, colegas y extraños en Internet. Ve a otro y dice: “Desearía que te vieras fea”; “Desearías que no hubieses rebajado los kilos de más”; “Desearía que tu pareja hubiera terminado contigo”; “Desearía que tu contenido en línea no tuviera éxito”.

            HO-RRI-BLE.

            Lo sabemos.

            Por eso, lo mantenemos en secreto. Da fatiga siquiera admitir que tales sentimientos se alojan en nuestro interior. ¿Cómo lo solucionamos? Bueno, si solucionar significa, “¿Cómo hago para que nunca más me pase?” No puedo ayudarte. Envidiar es parte de nuestra terrible naturaleza pecaminosa, que no cambiará hasta que Cristo venga y seamos convertidos en seres incorruptibles (1 Corintios 15:51-52). PERO, en Dios, podemos combatirla, es decir, enfrentarnos a ella, en vez de entregarle nuestro corazón en una bandeja. Estas son las estrategias prácticas que a mí me han funcionado en esta lucha:

1. APOYAR A LOS DEMÁS CON ACCIONES CONCRETAS

Me he dado cuenta de que, cuando decido en mi corazón hacer todo lo posible por apoyar a otro, la envidia pierde gran parte de su poder. Si voy la milla adicional para ayudar a otro a lograr lo que quiere, me siento cada vez menos envidiosa de esa persona. Paso de “su contrincante” a “su aliada”. Siento como si fuéramos miembro del mismo equipo; como si su victoria fuera mi victoria.

Me he dado cuenta de que, cuando decido en mi corazón hacer todo lo posible por apoyar a otro, la envidia pierde gran parte de su poder.

            En la práctica puede lucir de muchas maneras diferentes: ayudar a una amiga a arreglarse para una cita cuando tú quisieras tener una; invertir en el emprendimiento de otro cuando el tuyo parece no prosperar; reconocer en público el trabajo de otro cuando tú quisieras reconocimiento para ti. Se trata de impulsar al otro con tus acciones. Pensar en acciones concretas que lo puedan ayudar y ¡HACERLO! Hacerlo con envidia y sin ella, hasta que creemos el hábito. Disponer el corazón para convertirnos en el fan número #1 de los esfuerzos y logros de los demás.

2. USAR PALABRAS PARA CELEBRAR

Si no hay alguna acción concreta con que pueda ayudar a otro, sé que siempre puedo usar mis palabras para celebrar su éxito: “Te ves muy bien”, “Hiciste un excelente trabajo”, “Has sido muy constante”. En el libro Enemigos del Corazón, Andy Stanley dice que, cuando tenemos envidia, celebrar el éxito de otros se siente como hipocresía. Pero, solo se siente así porque estamos luchando para hacer lo que es correcto. La clave está en no mentir cuando celebras. Si alguien se ve bien, es correcto decirlo. Si alguien hizo un buen trabajo, vale la pena hacérselo saber. Podemos celebrar el éxito de otros cuando genuinamente creemos que han triunfado en algún área, incluso si nos da un poquito de envidia.

Si alguien hizo un buen trabajo, vale la pena hacérselo saber.

3. CONCENTRARME EN LO QUE YO ESTOY HACIENDO

En honor la verdad, a veces siento que entro a mis redes sociales solo con el propósito de compararme con los demás y desanimarme. Esta actividad deja de ser fuente de entretenimiento y se convierte en fuente de decepción. PERO, me he dado cuenta de que cuando estoy emocionada e inspirada con mis propias ideas, no me da ni tiempo de acordarme de lo que otros hacen. Invertir en mi contenido me llena de ánimo y me fortalece. Si en algún momento me veo consumida por la envidia, es un buen indicador de que tengo demasiado tiempo libre y necesito invertir mis horas en algo más productivo.

            ESTO FUNCIONA.

        Si nos concentramos en lo que nosotros tenemos para ofrecer, poco a poco deja de robarnos la paz lo que otros tienen. Nos sentimos en movimiento en vez de estancados.

4. DEJAR DE SEGUIR CUENTAS DE REDES SOCIALES QUE SOLO USO PARA COMPARARME

            Hay cuentas de personas cuyo contenido digital consistentemente me hace dudar de mí misma. Y no es culpa de ellas. En absoluto. Es mi culpa. Soy una persona que lucha con la comparación. Desearía que la prosperidad y el éxito de otros nunca me hiciera sentir menos que. Pero, no es así. Lucho y lucho a diario. Y ciertas personas, con las que usualmente tengo cero relación, solo hacen que la batalla sea peor. Así que, en vez de compararme con un montón de extraños, puedo tomar la decisión de no exponerme a su contenido.

            Un día, me senté y realmente evalué qué personas en redes sociales seguía solo para compararme. Decidí que si no uso su contenido para edificarme o inspirarme, sino para envidiarles, debía despedirme. Dejé de seguir a un montón de celebridades cristianas. E, insisto, no es su culpa. Es mía. Soy yo la del problema. Pero, si en mi lucha con la comparación, uso su contenido con el solo propósito de compararme y envidiar, esta me parece la mejor forma de amarles. Con el tiempo, creo que seré capaz de exponerme a sus logros sin sentirme chiquita y sin desear que no tuvieran lo que tienen. Mientras tanto, esta me parece una gran alternativa.

            Y esas son. Estrategias muy prácticas que me han funcionado en la interminable lucha con la envidia. Ahora que estoy mucho más dedicada a mi trabajo en redes sociales, me di cuenta de que debo ser más intencional en esta batalla. Con la ayuda de Dios, espero ser cada vez más fuerte y resistir la tentación de desear el mal a aquellos que el Señor me ha llamado a amar.



Publicado por Natacha R. Glorvigen

Cristiana. Publicista. Bloguera. Dios me ha cambiado la vida y vivo para contarles a otros que Él puede hacer lo mismo por cualquiera.

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