Al Dios verdadero

           

Que sea mi verdadero yo quien habla.

Que sea el verdadero Tú a quien yo hablo

C. S. Lewis

           En este camino de fe, no hay nada más seguro que hacerse ideas equivocadas de quién es Dios y de cómo es Su carácter. Resulta relativamente sencillo ponerlo en un molde y decir: “Dios es así” o “Dios hará de esta manera”. Cuando en realidad, en palabras de mi pastor maracucho: «Todo el conocimiento que tenemos acerca de Dios es una gota de agua cayendo en el vasto océano». Con frecuencia, creemos tener descifrados los modos, los tiempos y lugares en los que Él actuará. Pero, si estudiar teología todos estos años me ha enseñado algo es que nuestro conocimiento, por mucho crezca, nunca lo abarcará.

Todo el conocimiento que tenemos acerca de Dios es
una gota de agua cayendo en el vasto océano.

            Por eso, una relación creciente con Dios debería estar llena de momentos en que Él nos sorprende. Nos damos cuenta de que es más grande de lo que pensábamos, o de que asumíamos cosas acerca de Él que no son ciertas. Lo buscamos, aprendemos sin parar y nos llenamos de experiencias con Él para día a día conocer al Dios verdadero, en vez de aferrarnos a la idea finita que hemos fabricado en nuestra mente o que hemos heredado de otros.

            Yo, por ejemplo, de niña solía pensar que Dios era como un fantasma que atravesaba paredes. Cuando crecí, me di cuenta de que no es así. Él incluso más misterioso que eso. De adolescente cuestioné Su amor porque, si en verdad me amara, yo no tendría miedos o ansiedad. Con el tiempo, entendí que Él me hace fuerte en medio de esas luchas. Junto a Él, he crecido y he vencido. Como consecuencia, soy más fuerte que antes. En los primeros años de mi adultez, creí que Dios se complacía conmigo si predicaba o evangelizaba. Crecí y comprendí que Dios se complace conmigo cuando me acerco a Él, venga como venga. Lo importante es que venga.

            Es fácil aferrarnos a la idea de Dios que nos enseñaron en la escuela o en la casa, con palabras y con ejemplo. Es sencillo quedarnos con la imagen de Él que alguien más dibujó para nosotros. Nos dijeron ciertas cosas de Dios, nosotros las creímos, y así hemos vivido desde entonces. “Dios es así”. Y así se quedó. Pero, con toda honestidad, al ser un Dios vivo e inescrutable, mientras más lo conocemos, más nos deberíamos dar cuenta de lo poco que lo conocemos. Por eso, con frecuencia hago eco a esta oración de C. S. Lewis: “Que sea el verdadero Tú a quien yo hablo”.

«Que sea mi verdadero yo quien habla. Que sea el verdadero Tú a quien yo hablo». C. S. Lewis

            Al igual que tú, no quiero servir a un Dios que me fabriqué en mi imaginación; un Dios que está de acuerdo conmigo en todo y que se mueve al ritmo de mis pasos. No. Yo también busco al verdadero Dios de la Escrituras, aquel que se nos ha revelado en la creación. Ese que desafía nuestras ideas de lo que es justo y que nos anima a dar más de lo que parece coherente. Yo también quiero al Dios que me dice “ve” cuando me quiero quedar; o que me dice “espera” cuando quiero salir corriendo. Oremos, entonces, para venir a Él con corazones abiertos y dispuestos a conocerlo por quien realmente es, no por lo que a veces preferimos que fuera.


Publicado por Natacha R. Glorvigen

Cristiana. Publicista. Bloguera. Dios me ha cambiado la vida y vivo para contarles a otros que Él puede hacer lo mismo por cualquiera.

4 comentarios sobre “Al Dios verdadero

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