Un poco de valor

Hay pocas en esta vida que sean más importantes que el valor de seguir adelante. Dios mueve montañas a través de personas que se atreven y no se rinden, incluso si no son las más capacitadas.

Me parece extraordinario que, de todas las órdenes posibles, Dios le encomendó a Josué ser esforzado y valiente (Josué 1:9).

El valor te ayuda a dar pasos firmes, a no detenerte mil veces para cuestionar lo que haces; te permite continuar y no dejar que las circunstancias o las opiniones de otros te destruyan.

Fíjate que no dije: “no dejar que te afecten”, porque eso es muy difícil. Dije: “no dejar que te destruyan (o te detengan)”; no darles ese poder.

Estoy convencida de que caminar con Dios nos llena de esa clase de confianza. Nos hace osados. Nos regala ese valor con el que David corrió hacia Goliat, y la firmeza con la que Esther se presentó ante el rey.

He visto a personas muy asustadas e inseguras actuar más allá de cómo se sienten e inspirar a otros con su valor. Confiar, creer, atreverse en medio de la adversidad, y animar a los demás a hacer lo mismo es uno de los mejores regalos que podemos darle a esta humanidad.

Todos tenemos miedo. Por eso, necesitamos personas que nos muestren que podemos seguir a pesar de eso.

No me llamaría un ejemplo de confianza y valor, pero sí puedo decir que cada vez que me he arriesgado y he perseverado más allá del temor, cosas extraordinarias han sucedido.

Ahora, quizás por todo el asunto del cambio cultural (siempre suena como una buena explicación), muchas veces me he sentido justo del lado opuesto.

Me ha dado pánico equivocarme, no tomar las mejores decisiones, no expresarme correctamente, no pronunciar bien el inglés, no estar estudiando suficiente (o estar estudiando más de lo que debería).

He sentido la punzante necesidad de ser reafirmada para poder perseverar. Una y otra vez, he necesitado escuchar: “lo estás haciendo bien”, “tienes talento”, “vas a poder cumplir tus sueños”, “escribes bien”, y cosas por el estilo.

Aunque a veces esas palabras fluyen como río, en ocasiones son muy escasas. No es como en mi casa o en mi iglesia, donde hay muchos que creen en mí de un modo especial. Ahora, es diferente. Ahora yo debo creer, seguir, arriesgarme, aunque no me sienta totalmente segura de lo que hago, aunque no haya otros alrededor reafirmando cada paso.

Me toca a mí creer en la historia que Dios y yo estamos construyendo juntos. Dar los pasos firmes que creo que debo dar, aunque no haya una legión de admiradores aplaudiendo todo lo que hago.

A veces, solo somos Dios y yo.

Ahí. Es justo ahí cuando necesito valor. Cualquiera puede ser fuerte y valiente cuando todos te apoyan. Pero, cuando te equivocas mucho, cuando a otros les va mejor que a ti, cuando parece que nada sale bien, cuando no estás seguro de lo que haces, hace falta valentía para continuar, para creer que sí vale la pena el esfuerzo, que eres tú la persona correcta en el tiempo correcto.

Sin embargo, entiendo que no es mucho lo que puede darme el camino del temor. Por eso, he decidido en mi corazón que debo continuar, levantarme cuando caiga y proseguir.

Estoy convencida de que los sueños que Dios nos entrega se merecen todo nuestro valor. Ciertamente, no siempre tendremos personas alrededor empujándonos hacia la meta, pero seguro podemos seguir poniendo un pie frente al otro de todos modos.

Natacha Ramos

Publicado por Natacha R. Glorvigen

Cristiana. Publicista. Bloguera. Dios me ha cambiado la vida y vivo para contarles a otros que Él puede hacer lo mismo por cualquiera.

4 comentarios sobre “Un poco de valor

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